Los bibliotecarios que ya no habitamos las bibliotecas



Los edificios están pensados, siempre, para ser habitados, usados, exprimidos, por las personas. No se puede entender cualquier edificio sin personas. Y es que las personas, si, tú y yo, formamos parte intrínseca de la arquitectura. La arquitectura está pensada para nosotros, para ser vivida, para que la sintamos... la arquitectura és orgánica. Sin este cúmulo de sensaciones, sin estas experiencias sensoriales, la arquitectura dejaría de existir como tal. Seria otra cosa, pero no arquitectura.

Las bibliotecas, en sentido estricto, son por definición ecosistemas complejos; son, sin duda, un completo ecosistema social que se usa de forma intensa e intensiva. Habitan las bibliotecas todo tipo de personas (todo tipo de fauna, si preguntásemos a compañeros bibliotecarios), que interactúan entre si creando densas redes de contactos, trabajos, ocio, diversión... e incluso, por qué no, de amor y de amistad. Las personas que habitan las bibliotecas, los usuarios, tus usuarios (si, tú y yo también) son el centro de la biblioteca. El corazón de las bibliotecas se ha desplazado desde los libros, el fondo... hasta las personas. Sin personas, sencillamente, no hay biblioteca; y sin biblioteca, sin biblioteca pues no hay personas.

Unas personas que, por suerte, son cada vez más autónomas, más cultas, más inteligentes, más... más personas, quizás en el sentido más puramente renacentista de la palabra. La biblioteca és la nueva ágora humana de las sociedades avanzadas. Pero curiosamente, o quizás paradógicamente, más por suerte que por desgracia, los bibliotecarios cada vez somos menos imprescindibles. Nos estamos difuminando poco a poco en el paisaje humano e icónico de la biblioteca. Lentamente, nosotros mismos ya no habitamos las bibliotecas. Y no es que las hayamos abandonado a su suerte, ni hayamos desertado de nuestra profesión y de nuestros principios. No. Es algo mucho mejor, mucho más profundo. Algo fantástico. Y es que hemos trascendido nuestros propios límites, y hemos sido capaces de construir el mejor y más valorado tercer espacio social, y además, hacerlo sin que nosotros mismos seamos necesarios más que de forma puntual, intermitente. Hemos ganado en eficacia y en eficiencia. Somos momentáneos, y aparecemos en nuestras queridas bibliotecas tan sólo cuando somos extraordinariamente necesarios. Somos arquitectura de la necesidad.

[L'imatge és l'obra "Espacios Vacios", de Pablo Monforte]

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