La circulación interior en las bibliotecas

La circulación interior en las bibliotecas es uno de aquellos intangibles a los que muchas veces no se le presta la atención suficiente en el diseño y en la planificación de los edificios de las bibliotecas. Nos solemos fijar en los materiales, el mobiliario, las texturas, el ambiente, la climatización... son elementos materiales en los que es relativamente fácil intervenir para hacerlos mejores; hay suficiente catálogo de opciones comerciales para poder elegir de la mejor forma posible.

No obstante, en el diseño de una biblioteca hay elementos intangibles que hay que tener en cuenta: desde las sensaciones sensoriales que la biblioteca produce, hasta cómo nos movemos por ella. Y es aquí dónde hay que hablar de la circulación interior; algo que puede marcar la diferencia entre una biblioteca usable y otra que no lo es.

Así, podemos abordar la circulación interior de las bibliotecas desde dos perspectivas, aunque estrechamente relacionadas entre ellas.

En primer lugar, la circulación debe ser un nexo más de unión entre el interior y el exterior de la Biblioteca. La circulación interior debe ser capaz de conectar con el exterior, y ofrecer los suficientes puntos de unión para que la entrada y la salida de personas sea lo suficientemente óptima, y para que el edificio en si mismo no constituya una auténtica piel infranqueable. La circulación interior debe ofrecer y plantear los suficientes puntos de permeabilidad para que el edificio transpire, y para que éste disponga de la porosidad suficiente para que sea ni visto ni concebido como una barrera. En paralelo a una cada vez más evidente desaparición de la fachada de las bibliotecas en lo referente a los materiales, también se debe avanzar hacia una difuminación entre el ambos espacios públicos, hacia una no-percepción de sentirse en un sitio o en otro: el exterior que envuelve el edificio, formado de plazas, calles, aceras, etc... o en el espacio público interior que se configura en la misma biblioteca.

Y en segundo lugar, la circulación en el interior propiamente de la biblioteca, sin su interrelación con el exterior. La circulación debe establecer, promocionar y facilitar el tránsito horizontal, vertical y transversal entre las diferentes zonas de la Biblioteca. Con una buena circulación interior, este tránsito es fluido, instantáneo y casi imperceptible entre las diferentes áreas (incluso, naturalmente, con éstas debidamente separadas). Hay que poder deambular, pasear casi sin rumbo y de forma lo más informal posible por el interior de la Biblioteca, pero al mismo tiempo teniendo siempre claro en todo momento dónde nos encontramos. Existe, además, otra característica de la circulación interior, y ésta tiene que ver con la distribución de todo el fondo documental de la biblioteca, y en la forma en qué queremos que nuestros usuarios accedan a él, mediante un acceso más formal, estricto, pero también (claro) con las suficientes gotas de flexibilitat y de modularidad. Hay diferentes formas de aproximación a este concepto, algunas innovadoras, como por ejemplo la Espiral de Libros: un contínuo de estanterías en el que los libros se organizan según Clasificaciones estándar, y que recorre el interior de las bibliotecas, muchas veces de manera ascendente. Esta Espiral la encontramos en la Biblioteca de Seattle o en la Biblioteca de la Musashino Art University. Se trata, sin duda, de una aproximación moderna a una concepción clásica de la adquisición de conocimiento, siempre en ascenso, hacia unos estados superiores del desarrollo humano. La unión de estos planos de la circulación interior, se condensa en unas palabras de Sou Fujimoto, autor de la Biblioteca de la Musashino Art: “Creo que una biblioteca debe perseguir simultáneamente dos actividades contradictorias. Por un lado, el leer detenidamente y, por el otro, el deambular por ella. El leer detenidamente exige una distribución espacial rígida y sistemática que permita encontrar los libros deseados. (…) La característica opuesta a esta rígida necesidad es la de deambular. Al caminar por una biblioteca, en cierta manera sin un objetivo concreto, uno de los valores importantes de los libros reales y de la experiencia espacial es la inspiración que se obtiene de los hallazgos inesperados, de las relaciones imprevistas, de los campos de conocimiento desconocidos”. La circulación interior debe favorecer el acceso al fondo documental de una manera lógica y coherente, teniendo en cuenta un nivel de accesibilidad similar a lo largo de todas las categorías.

Como habrás podido apreciar, la primera no se puede entender sin la segunda, y al revés. Debe haber una concepción global de la circulación interior, e insertarla en el diseño del edificio. La circulación forma parte de la filosofía intrínseca del edificio, de su concepción más primigenia: cómo queremos que los usuarios usen el edificio, cómo queremos que se sientan dentro de él, cómo queremos que se muevan, cómo queremos que accedan a los fondos documentales... No son cuestiones menores, y muy a menudo marcan la diferencia entre edificios. La circulación interior es una de aquellas cosas que se insertan en las sensaciones, en la percepción sensorial de los usuarios. Conseguir que se sientan cómodos y confortables es siempre todo un reto, y ser capaces de configurar una excelente circulación interior, teniendo en cuenta los dos aspectos antes mencionados, es el punto de diferencia entre una biblioteca buena, y otra biblioteca excelente.

Y bien, ¿qué te ha parecido este artículo de opinión? ¿Cómo percibes la circulación interior de tu biblioteca? ¿La encuentras correcta... o por el contrario, crees que se puede mejorar? Me encantará saber tu opinión en los comentarios de este artículo en el blog. Y si quieres leer más artículos de opinión sobre arquitectura bibliotecaria, sólo tienes que visitar este enlace.

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