Escala lectora

Estamos en pleno proceso de redefinición de la escala bibliotecaria. Y estamos en tránsito hacia una escala más pequeña, más reducida... más alcanzable y cercana, y esto conllevará inevitablemente hacer edificios de dimensiones más pequeñas. Hay toda una serie de aspectos técnicos que ya lo permiten, aspectos de carácter más práctico y pragmático que hacen relativamente fácil que se pueda avanzar en este sentido. Pero hay también, creo, un condicionante, o mejor dicho, una voluntad, una necesidad personal y social, que hace que también sea deseable una reducción de la escala de los edificios bibliotecarios. No se trata ya no sólo de una reducción física del edificio, sino también y más importante una reducción en la escala del uso y en la escala lectora. La lectura individual, no obstante, seguirá siendo uno de los elementos nucleares y críticos de las bibliotecas del futuro. Una lectura en cualquier soporte y formato; no nos fijamos en el cómo sino en el qué, en qué se hace. Una lectura que, pensada en amplio, se convertiría también en consumo informativo. Ya hablamos de ello en las intervenciones bibliotecarias, y especialmente en la cabina de lectura individual, obra de Marta Wengorovius y de Francisco Aires Mateus.

Y es que la reducción de los edificios llevará implícita una reducción aún más importante: la de la experiencia lectora, que transformará radicalmente el espacio de la biblioteca. Para esta experiencia única, individual e instransferible que es la lectura individual, habrá que dejar de pensar sobre todo en espacios comunes, para intentar encontrar espacios íntimos, profundos e irrepetibles. Espacios que faciliten la conexión única entre lectura, entorno y persona; una conexión que siempre tiene lugar en una única escala, la mia, la tuya , la de él o la de ella... y todas diferentes pero a la vez válidas e imprescindibles. Espacios que faciliten también la focalización en el hecho mismo de la lectura y que canalicen una mayor adquisición de conocimiento y de la información, independientemente de si se hace con un libro, un portátil o una tableta. En esta reducción ayudaría también una más que necesaria personalización de los espacios.

La escala es la representación gráfica sobre el papel de algo real. Pero también lo puede ser de hechos y de materias humanas como son la lectura y la información. Y en la era de las grandes aglomeraciones de información impersonales, se hace requisito indispensable que las bibliotecas se conviertan lugares de escala reducida, sencilla e individual, y que permitan una mejor experiencia sensorial y cognitiva, en todos los sentidos. Y la concepción de una nueva escala lectora es el mejor camino para conseguirlo.

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