Teleportación: Lectura cuántica y entrelazamiento*

Pasamos por los momentos de nuestros días de formas disimiles y con diversos artefactos o amuletos. Cuando nos colgamos a la lectura de una determinada autora o tipo de literatura; o disfrutamos escribiendo una palabra en todas las partes posibles; o buscamos en los anaqueles, caras y situaciones, ese tema que nos apasiona, como si se nos fuera la vida en ello; podemos considerar a la cultura escrita se encuentra vívida en nuestro cuerpo y presente. Pero no siempre andamos con este autor, palabra o temática, en esos instantes – quizás en estos que nos ocurren ahora–, que se desgranan unos a otros, las cosas se trasponen; los fetiches cambian. Actualmente, el comic, la ciencia y la lectura son las acciones que en este momento me sacuden. Por lo que pretendo entrelazar los mismos, permitiéndonos la representación de los textos posibles – ya seleccionados – de Roger Chartier y Fernando Bárcena Orbe.

Es de mi interés comenzar con el enunciado “se debe leer para aprender, es menester también aprender lo que se debe leer, y cómo se debe leerlo”[1], la visión histórica de Chartier, visibiliza claramente las obligaciones del aprendizaje lector. Estos deberes – tal cual como si fueran asignados por una profesora – son aquellas las letras que la realidad nos impone. Para una acción que muchas veces pareciera tan mecánica, la lectura posee imposiciones internas: no todo se debe leer, ya que existe cierto grupo de textos canónicos que tienen aprobación social y solo existe una forma de hacerlo, un método universal. Todo lo anterior, y en este siglo como muchos presagian, viene a desmoronarse, diluirse y perder valor. Es clave entender que el autor nos muestra los ideales de una práctica lectora que va de la mano de una institucionalidad escolar que nace en el siglo XIX y podríamos decir, agoniza en los albores de esta época. Esta Agonía es la precuela de muchas y la secuela de otras tantas distopías que nos ha entregado durante décadas – me atrevería a decir siglos - la ciencia ficción, ha aparecido en mis lecturas como esa literatura que reemplazo a mis placeres existencialistas y beatnik, ya que causa en mí asombro con esas propuestas distópicas, donde los mundos narrados coinciden con ciertas actitudes en conjunto ya realidades de este siglo. Por ello es quizás uno de los temas más interesantes y recurrentes, de algo que aún no sucede, es decir, pronosticado pero no acontecido: es la teleportación (ya tenemos las pantallas enajenantes de Bradbury, el sistema social de Huxley, y viajes espaciales de Verne, por nombrar algunos). Pero, Trasladarse de un lugar a otro al segundo, por ahora, es un hecho, al menos a nivel de partículas de luz; la teleportación cuántica significa mover un fotón de un lugar a otro al instante – el record actualmente es de 143 kilómetros[2]. El asunto es que este fotón al teleportarse deja de ser el mismo, se transforma y se replica. Es decir, se recrea.

En esta línea, considero que podemos hacer una analogía entre el aprendizaje y el teleporte, teniendo como marco dramático/literario la ciencia ficción. Como dice Bárcena sobre el aprender “Es una invitación a re-crear el sentido de lo trasmitido, para que un nuevo significado se revele – es decir: para que estalle el significado – y, así, se libere no ya sólo un nuevo significado posible, sino el aprendiz mismo. Así, aprender es recrear, revelar, liberar.”[3] Si leemos esto en la dimensión de las ciencias, pareciera ser que el aprendizaje – el lector como aprendiz – al momento de exponerse a lo trasmitido – oral o escrito – se transforma como la materia, como dice el autor “devenimos en otro, acabamos siento otro. Lo que acabo de decir está inspirado en determinadas imágenes y metáforas, tiene que ver con la imaginación poética.”[4] Es decir, se teleporta. Y es gracias a esa imaginación poética que hace las veces de pipetas y mecheros, donde la materia cambia y se transmuta en las manos del alquimista, que en este caso viene a ser el contexto de aprendizaje y el mediador que motiva ese contexto. En este sentido, el aprendiz gana esa cualidad, en cuanto a lo que teoría de la teleportación cuántica propone: una molécula viaja a otro lugar, a un destino propuesto, pero en ese llegar, ya no es la misma, sino una reproducción, una copia una falsificación de sí misma. Tal cual como nosotros al aprender – mediante la lectura por ejemplo – dejamos de ser los mismos para revelarnos en nuestro propio significado, para devenir en otro.

Este término podremos usarlo para hablar del aprendiz, que vendría a ser el fotón, que al momento de exponerse a lo trasmitido – casi químicamente – nos movemos, nos trastocamos, viajamos, pero al final, al llegar al puerto nos recreamos en otro. En la dimensión científica para realizar este transporte es necesario un espacio, el cual se levanta entre las distancias para facilitar este acontecimiento. Así es como, volviendo al aprendizaje y en la disciplina bibliotecaria a la que pertenezco “La multiplicación de las bibliotecas ‘públicas’ vinculadas con el fenómeno asociativo de las ‘sociedades de hablar’: ateneos, círculos, casinos”[5], los cuales desde inicios de siglo XIX, se mantiene aún quizás de menor medida en Chile. Aparecen en todas las localidades del país bibliotecas municipales y comunitarias, es decir existe el espacio propicio para estos acontecimientos de aprendizaje, esta teleportación. Pero estos espacios arquitectónicos no lo son todo, los cuales sirven para levantar los lugares simbólicos para que la trasmisión de aprendizaje de la cultura escrita.

Las ‘sociedades de hablar’ evolucionan, aparecen en la actualidad chilena los Clubes de Lectura[6], solo por citar un ejemplo, donde nosotros los aprendices somos invitados a teleportarse motivados por la lectura que “nos transforma en otro. Es así como en el hacer experiencia, algo se revela, algo se nos muestra, algo – un sentido recreado – estalla delante de nosotros”.[7] Estalla el sentido, como en el fotón, al devenir en ser otro mediante la trasmisión de la cultura y las humanidades.

 







* Este texto fue presentado por el autor como primera evaluación de la diplomatura Lectura, Escritura y Educación de FLACSO-Argentina. De manera más personal, quería compartirlo a modo de reflexión entre espacialidad y lectura, que nos atañe en cuanto a bibliotecarios como a pensadores de los espacios que habitamos/habitan los lectores.

[1] Chartier, Roger (2010). “Aprender a leer, leer para aprender”. En www.lalectura.es, www.lalectura.es/2008/chartier.pdf> [fecha de consulta: marzo, 2012].




[2] Xiao-Song Ma, [Et. al.] (2012)“Quantum teleportation over 143 kilometers using active feed-forward”. Nature 489 (7414), 6 de septiembre de 2012. Doi:10.1038/nature11472.




[3] Bárcena Orbe, Fernando (2000). "El aprendizaje como acontecimiento ético. Sobre las formas del aprender". En Enrahonar. Quaderns de Filosofía, Nro. 31. Universidad de Barcelona.




[4] Ibid.




[5] Chartier, Op. Cit.




[6] El aumento progresivo desde el 2000 hasta la fecha de clubes de lectura es significativo, de algunos pocos lugares de encuentro, podemos enumerar a lo menos en todo Chile alrededor de 110 iniciativas similares.




[7] Bárcena, Op. Cit.


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