La biblioteca de las cosas

Todo se vuelve líquido, inestable, móvil... difuso. Y los bibliotecarios también nos transformamos, nos convertimos en líquidos. Las fronteras son difusas y frágiles, y la biblioteca-continente ya no se identifica necesariamente con la biblioteca-contenido. La biblioteca ha superado sus fronteras, sus límites, para convertirse en quizás una biblioteca total, amplia, difusa, omnipresente, social y ciudadana. De la biblioteca que, bien delimitada y tranquila, hemos pasado a la biblioteca de las cosas, líquida e incierta.Una biblioteca de las cosas presente, activa y participativa en multitud, miles de aparatos, en miles de dispositivos. La biblioteca se ha esparcido por todas partes, ha colonizado lugares insospechados. Desde el símbolo que es y representa su edificio, la biblioteca ha derramado todo su poder más allá de sus paredes, y lo ha hecho por evolución y vanguardia. Unos edificios que han dejado de ser el lugar central de la práctica bibliotecaria, y han adoptado funciones, usos y características a menudo muy alejados del propio de una biblioteca, pero que la han enriquecido, lo han mejorado y lo han potenciado. La biblioteca como edificio ha perdido identidad bibliotecaria, pero ha ganado en identidad cultural y ciudadana.

Es el tiempo de una biblioteca esparcida, y no sólo en edificios repartidos por el territorio. Es el momento de que la biblioteca esté presente, y con un liderazgo activo, en todas las cosas que tendrán acceso a la red. Allí también tendremos que estar. Y se nos presenta un nuevo hito: porque no vale estar por qué si. Tenemos que conseguir estar de la misma forma que lo hemos hecho en nuestras calles y plazas. Con una representatividad y utilidad sociales que son incuestionables y que ya nadie niega. La biblioteca de las cosas es nuestro próximo reto.

 

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