Débiles

Vivimos, sin duda, un gran momento en cuanto a la construcción de nuevas bibliotecas se refiere. Desde las diferentes administraciones se ha impulsado y se ha apostado, de forma bien clara y sin tapujos, por las bibliotecas. Y desde la ciudadanía se ha dado respuesta a este impulso, también sin tapujos, llenando las bibliotecas y convirtiéndolas en el principal equipamiento ciudadano, social y comunitario de nuestras ciudades. Disponemos hoy en día, en Barcelona y toda Cataluña, de una densa red de bibliotecas que funciona y que da respuesta a las necesidades informativas, de ocio y de ocio de todos los ciudadanos. A veces pienso que quizás las administraciones, hasta cierto punto, tienen las cosas mucho más claras que nosotros, que como colectivo profesional aún no sabemos muy bien qué somos. Estamos inmersos en una etapa de oro, en la que hay un gran reconocimiento comunitario de las bibliotecas y de su función social, pero por el contrario, seguimos inmersos en una grave crisis de identidad, y eso nos hace ser débiles. Hay una grave contradicción entre la visibilidad social de las bibliotecas, y la visibilidad social del colectivo. Una disfunción que nos hace ir cojos, y que no nos deja llegar a lo que podríamos conseguir. Sin que el colectivo apueste claramente por el propio colectivo, sin que nos lo creamos todos juntos y sin que nos sintamos fuertes y capaces, todos bajo un mismo paraguas, seguiremos siendo un colectivo de segunda y sin capacidad de decisión real e influyente. Por pura supervivencia, tenemos que conseguir ser un auténtico think tank en los temas y asuntos que creemos prioritarios para la profesión. Es necesario que nos posicionemos, tenemos que ser decisivos, de forma transversal, claro, pero con nuestro liderazgo e impulso.

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