La U urbana, la biblioteca y el tercer espacio

Ya hace unas semanas que Jordi Farrando me mandó un ejemplar del libro La U urbana: el libro blanco de las calles de Barcelona. Le pedí uno para hacer una reseña en el blog, y muy amablemente accedió. A los pocos días ya lo tenía en casa. Desde aquí le quiero dar las gracias... y aquí está la "reseña", especial y muy personal, que tenía pendiente.

Mientras leía los artículos de opinión de expertos y de reflexión sobre la U urbana que hay al comienzo del libro, no podía dejar de pensar en cuál es la posición de la biblioteca dentro de esta U urbana; una U no planteada como se hace en el libro, en el que se estudian los elementos urbanos que podemos encontrar dentro de esta U y su diseño... sino una U entendida aquí como el elemento más simple, la base más sencilla del entorno urbano, lo más próximo a tu ciudad, su partícula más pequeña. ¿Cómo se posiciona e inserta la biblioteca dentro de esta U? ¿Cómo interactúa y dialoga? ¿Qué funciones tiene? ¿Y qué objetivos? ¿Qué misión tiene la biblioteca en su entorno urbano?

Desde un punto de vista arquitectónico y funcional, hay varias soluciones que hacen que la trama urbana, y todo aquello que tiene lugar en ella, penetre en las bibliotecas, generando una corriente continua y sin ningún elemento que actúe de obstáculo. Entre otros, podríamos enumerar tres elementos facilitadores y vehiculadores: calles interiores, unidas a la red de calles de ciudad, como una calle más, peatonal y transitable; porches y voladizos, que hacen que los edificios extiendan su piel hasta más allá de sus límites, abarcando la calle y creando zonas intermedias al aire libre; y finalmente, fachadas de vidrio por todo el perímetro de la planta baja, acción que genera una continuidad visual exterior-interior, y que desnuda la intimidad de la actividad interior asuma como una función y un uso ya propios de la calle.

Pero más allá de lo arquitectónico y puramente constructivo (fundamental pero no decisivo), hay una vertiente mucho más importante: la de la biblioteca como territorio público, territorio social y ciudadano de primer orden, territorio comunitario, en una comunidad y al servicio de la comunidad. Es aquí donde hay que hacerse las preguntas más importantes, y es aquí, también, donde hay que tener las cosas más claras... pero a la vez es donde se plantean, es cierto, más dudas e interrogantes. Incertidumbres y contradicciones propias de sociedades con relaciones complejas. Y la biblioteca y su entorno urbano establecen una serie de relaciones complejas. Porque tanto la biblioteca como la U urbana son países públicos y abiertos.

Y es en esta relación entre dos territorios públicos que la biblioteca adquiere una de sus principales funciones, y lo que será cada vez más un uso con más importancia: la de convertirse en el tercer espacio. Un tercer espacio que nace en la intersección del espacio público urbano (calles, plazas, parques, etc.), y el espacio privado que forman las casas y los bloques de pisos. Es un espacio de transición, intermedio, de paso, pero al mismo tiempo es absolutamente necesario e imprescindible, y además con dos funciones principales: actuar como zona "amable" entre la vida privada y pública de todos nosotros, haciendo que el camino entre ambas realidades sea menos traumático; y en segundo lugar, ser el elemento que cohesione y ligue esta U, y por extensión, toda la ciudad y su sociedad. Un tercer espacio suficientemente flexible como para ser, al mismo tiempo, comedor público y plaza privada. Un espacio adaptable, transmutable y ágil, que sea capaz de acoger unos usos privados que cada vez son más públicos, expuestos y compartidos, y al mismo tiempo, unos usos públicos que a menudo requieren de espacios de cocción, sosiego, reflexión y conocimiento. Además, y ya para terminar, en el tercer espacio tomará cada vez más importancia el diseño interior, desnudas como irán quedando las bibliotecas de su núcleo central de negocio. Habrá que concebir, pues, nuevas zonas, y el diseño tendrá mucho que decir. La creación de nuevas zonas público-privadas de transición será uno de los nuevos núcleos centrales de las bibliotecas del futuro.

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