Jornadas “Los futuros de la biblioteca pública”


La semana pasada tuvieron lugar las jornadas "Los futuros de la biblioteca pública", que organiza el Consorcio de Bibliotecas de Barcelona con el objetivo de orientar la actuación de las bibliotecas públicas de la ciudad durante la próxima década, ahora que el Plan de Bibliotecas de Barcelona 1998-2010 llega a su tramo final.

Fue un encuentro en el que afloraron multitud de ideas estimulantes. Se dibujó una visión potente de cuál debe ser el futuro de la biblioteca pública, con importantes matices, o cambios radicales, respecto al modelo predominante actualmente, más acorde con el rol de que debe asumir la biblioteca en el contexto de la sociedad del conocimiento. Todo ello fue posible gracias a la gran calidad de los ponentes y de sus aportaciones, provenientes de toda Europa. Durante dos días pudimos compartir las reflexiones de los protagonistas de algunas de las iniciativas más interesantes en cuanto a nuevos servicios y la nueva relación con los usuarios, el nuevo modelo de negocio en cuanto a los contenidos digitales y también en cuanto a transformaciones en el espacio físico de la biblioteca. Creo que el mérito de esta sinergia tan inspiradora es principalmente de Assumpta Bailac, Gerente del Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, así como del buen trabajo de su equipo.

En la brillante conferencia inicial Manuel Rivas supo transmitir emoción y compromiso hacia el libro y la lectura, y también hacia la biblioteca, el lugar que los alberga. El autor partía de la capacidad del libro para transformar quien lo lee ("El lector abre el libro, el libro abre a quien lo lee") para pasar a la capacidad para transformar el entorno a través de la generación de nuevos paisajes mentales, nuevo entorno cultural ("El libro es una creación insurgente", decía) y finalmente llegar a definir la biblioteca también como un espacio insurgente. Un espacio que habla, que aloja la memoria del lugar, en la construcción diaria de un medio ambiente cultural (hacía el paralelismo entre medio ambiente natural y medio ambiente cultural), frente al gran páramo de los no-lugares. A través de la biblioteca y el libro se produce la crítica cultural, contra la banalidad cultural, contra el consumo y contra la ciudad como parque temático convencional. Reclamaba las bibliotecas como unidades de ambiente y de emoción, como lugares que creen lugares, como espacios del no-dominio, e incluso del erotismo! ... Y lo hacía a través de la imagen de la "barca de los libros" que navegaba por la Costa da Morte, antes de la Guerra Civil. Imagen preciosa, muy evocativa. Buena dosis de emoción y de implicación para comenzar las jornadas!

Los diálogos se plantearon como una conversación entre los ponentes, sentados en butacas torno a una mesa, de modo que la informalidad y la espontaneidad de los intervenciones favorecían una mayor atención de los asistentes. Creo que el acierto de este formato radica en que permite huir de las exposiciones magistrales, que podían haberse convertido en largas y pesadas. Los textos con las aportaciones de los ponentes los podemos encontrar en el blog de las jornadas.

El primer ámbito, sobre los usuarios y los servicios que ofrece la biblioteca, le condujo con habilidad Javier Celaya, que comenzó con una declaración de principios: hay que pensar en digital y pensar en abierto, hay que cambiar el chip. Eppo van Nispen, de Delft, puso énfasis en no diferenciar los servicios virtuales de los presenciales, sino en la importancia de integrarlos y conectar con el usuario de forma que la biblioteca pueda aportar valor añadido: interactuar con el usuario, apoyar la creación y desarrollar nuevo conocimiento. Inga Lundén, de Estocolmo, se preguntaba cuál era el valor de la biblioteca, lo que realmente la diferencia, y se respondía que probablemente era la posibilidad de convertirse en un lugar de encuentro en el que es posible la cultura participativa y de interacción entre personas y los media, para permitir el acceso al conocimiento y la creatividad.

Marga Kleinenberg habló de las estrategias comerciales y de marketing que se han puesto en práctica en Almere para conocer mejor los intereses de los usuarios (segmentar el universo de usuarios en los estudios estadísticos) y para rediseñar los espacios en base al modelo comercial. Reclamaba poner más atención en escuchar las necesidades de los usuarios y antes de que en dar respuestas ("Too much push. Need more pull"). Kari Lämsä, de Helsinki, explicó cómo los espacios de la biblioteca se tienen que repensar en base a los nuevos usos, las nuevas formas de utilizar la biblioteca: la Library10, centrada en música y con una disponibilidad importante de aparatos tecnológicos , es un centro de creatividad musical y de edición de vídeo, hasta el punto de acoger numerosas presentaciones musicales y eventos culturales: los usuarios como creadores de contenidos. Habló también de los encuentros del "club del portátil" ("From book clubs to lap-top clubs"), en las que los usuarios comparten sus conocimientos y descubrimientos, sin profesor (magnífico!). Lämsä explicaba que la flexibilidad de los espacios era una de las claves para la integración de todos los aparatos tecnológicos.

Marie Ostergärd explicó su experiencia como project manager de la futura biblioteca central de Aarhus, bautizada como Mediaspace, poniendo énfasis en la implicación de la comunidad ciudadana para garantizar el éxito del proyecto, así como en la necesidad de garantizar la flexibilidad en el futuro. Ruth Harrison habló de la implicación de los jóvenes en la biblioteca a través de la lectura, a través de la segmentación de actividades de promoción de la lectura. En este sentido, decía, es esencial tener definida una clara identidad, diferenciada y específica, que permita conectar con los intereses reales de cada tipo de usuarios (jóvenes, recién llegados ...), para liderar la implicación ciudadana.

Durante el turno de preguntas aparecieron muchos temas de debate interesantes. Hay que avanzar hacia la figura del bibliotecario-orquesta, o hay que incorporar nuevos perfiles a los equipos humanos? Como conviven las bibliotecas con otros equipamientos culturales? Seguramente hay enfatizar los servicios fuera del equipamiento: ir a buscar los usuarios en el espacio público, el centro comercial ...

Personalmente, como arquitecto, me quedo con algunas ideas sobre la relación entre espacio físico y espacio virtual. Marie Ostergärd decía que el entorno digital puede llevar usuarios al espacio físico de la biblioteca, y este espacio físico es esencial. Este espacio físico es el que no tiene Google, es uno de los aspectos que diferencia la biblioteca de Google: es el lugar donde las personas pueden encontrarse y relacionarse. Hay que dejar de pensar los espacios como lugares donde se hacen transacciones (préstamo de documentos ...) para pensarlos como espacios donde se producen relaciones entre personas. De modo que, seguramente, no cabe preguntarle al usuario "¿Qué esperas de la biblioteca?", sino "¿Dónde te gustaría estar?". La biblioteca debe ser este tercer lugar donde el usuario le gustaría estar. El modelo para la biblioteca pasan a ser estos terceros espacios: bares, cafés, lounges, espacios lúdicos ...

Por lo tanto, si el usuario es el centro, el "foco", del servicio, hay que pensar el espacio para los usuarios, y no tanto para alojar la colección.

Finalmente, una frase de Marie Ostergärd: "El edificio de biblioteca necesita espacios abiertos y flexibles: son para los próximos 100 años, no sólo para 10 años!"

Continuará ...

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