La biblioteca como símbolo

Las bibliotecas, los edificios, deben ser los principales símbolos de nuestra profesión. Son quizá la parte más visible de nuestro colectivo, y la que primero percibe la ciudadanía. Y en un momento quizás de una cierta desorientación y de falta de líneas claras que nos delimiten como profesionales, quizás tendríamos que cuidar más nuestros edificios. ¿Cómo materializar nuestras funciones y nuestras tareas? ¿Qué necesitamos físicamente? Los edificios de las bibliotecas deberían ser un reflejo claro de nuestras funciones. ¿Lo que desarrollamos? Y nuestros usuarios, a través de espacios que los acogen, ¿también deberían tener claro qué pueden hacer allí?

La necesidad de que las bibliotecas sean símbolos en el ámbito de la arquitectura ya la anoté en el artículo "Apuntes sobre el espacio en las bibliotecas" (25 de septiembre de 2008):
Arriesga, innova, busca nuevas soluciones arquitectónicas en el espacio. Hay ideas y soluciones radicales, diferentes. Las bibliotecas pueden y deben ser referentes arquitectónicos de su ciudad, deben convertirse en símbolos sociales, iconos locales. Deben ser capaces de generar debate en sí mismas, y ya desde el mismo edificio que las acoge. ¿Qué mejor carta de presentación que ésta, la de un edificio diferente, innovador y rompedor? Bueno, de hecho en buena medida ya lo son, ¿pero porque no adoptar propuestas como la de la futura Biblioteca Nacional de Praga o las setas de la Biblioteca Universitaria de Seikei? ¿O son demasiado atrevidas...?

Bueno, esta anotación era claramente arquitectónica... pero también, y relacionado en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo, deben ser símbolos sociales y ciudadanos:

  • Las bibliotecas deben ser capaces de regenerar todo un barrio degradado, y de crear un nuevo polo de atracción ciudadano, cultural y económico... En Tortosa tenemos un excelente ejemplo con la Biblioteca Marcel·lí Domingo, ubicada en pleno centro urbano de la ciudad: una zona absolutamente degradada y abandonada. Una apuesta de riesgo y atrevida, y que ha sido un éxito absoluto.



  • Y también, por qué no, las bibliotecas se pueden, se deben ubicar en un espacio con una fuerte carga social, simbólica e histórica para la ciudadanía. Por ejemplo, en Roquetes (los antiguos Jesuitas), y en La Sénia (las antiguas escuelas republicanas), encontramos dos buenos ejemplos...


En los tres casos (edificios arriesgados y rompedores, núcleo de regeneración de zonas urbanas, o ubicación en edificios históricos), las bibliotecas, los edificios, deben ser símbolos y líderes. Los edificios pueden y nos deben servir como nuestra mejor carta de presentación de lo que somos, de quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos. Y eso lo tenemos que cuidar con esmero. De hecho, estoy convencido de que ya lo estamos haciendo.

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